Baby Reindeer: ¿por qué Donny?, ¡¿por qué?!

Porque parece irreal, hasta que te lo cuentan con tantos – y tan explícitos- detalles. Hasta que este hombre pudo convertir su trauma en obra de teatro y después en serie de televisión.

Hace unos días vi que Netflix subió su número de suscriptores en los últimos meses. Y es que a pesar del tamaño del catálogo y lo poco memorables de algunos lanzamientos en los últimos años (ojalá siempre tener un Mindhunter bajo la manga), llegan a salvar todo series como Baby Reindeer. Estoy tocada, sobresaltada y hasta estresada, pero es excelente. Raro también definir como excelente a la representación de un pasaje tan duro de la vida de una persona. 

El hecho de que incomode o estrese, es uno de los puntos más válidos de esta historia. Sacude porque logran meternos en la psique y la terrible sensación de depresión por la que atraviesa Donny. Él es un comediante escocés que tiene un trabajo paralelo como bartender en Londres, está pasando por un infierno desde el minuto uno, pero, espera, poco a poco vemos que este infierno, es más bien el segundo por el que atraviesa.

Esta miniserie relata los episodios de acoso y abuso de Donny. Marta, su acosadora, vive en una realidad tan alterada (producto de su propia enfermedad mental) que logra meter a Donny en ese terrible círculo de una violencia que aunque parece poco palpable porque, ¿qué son sólo las palabras?, se vuelve desgarradora. 

Al estar basada en hechos reales y estar contada y actuada por su mismo protagonista (Richard Gadd), las comparaciones y cacería para encontrar a quienes estuvieron involucrados en la vida real han opacado – a mi parecer – algunos de los mensajes más fuertes de esta historia. 

Uno, “A los hombres también les pasa”. Creo que uno de los motivos por los que esta serie está impactando tanto es el ángulo desde el que está contada. Un hombre que no sabe por qué se paralizó, que – por el trauma – minizó su situación y continúa estrellando su cabeza contra la pared con nosotros como espectadores diciéndole todo el tiempo “¡Qué haces!”, “Sal de ahí”, “¿Otra vez?”…

Dos, «¿Por qué no denuncias?”. Si algo me deja Baby reindeer es tener aún más empatía por las víctimas. Qué difícil revivir el trauma, todos los hoyos legales que hay que atravesar para poder siquiera poner una denuncia, porque no son suficientes 80 correos de acoso diario, ni sugerencias sexuales por todos los medios posibles, tocamientos inapropiados y un largo etcétera que debes contar con el más mínimo detalle cuando tu memoria no logra conectar los puntos por obvias razones.  La revictimización en su máximo esplendor y qué frustrante es verlo, pero ¿te imaginas siquiera estar en esa situación?

Y finalmente lo terrorífico que es un trauma así, la depresión, el aislamiento y las manías que adquirió Donny a partir de estos episodios. Lo mejor de la serie radica en que cuando parece que hay una pequeña luz al final del túnel, una nueva complicación surge, y es que así de complicada es la situación. 

Pareciera que Donny no intenta salir de ahí; este hombre se pierde totalmente, pierde la confianza en sí mismo, en los demás, está evadiendo sus traumas y sumándole otros y cargándose encima a quienes sí que lo quieren.  Ya, fuera de sí, ¿cómo ayudarle? En este caso, por la vergüenza social que causan este tipo de conflictos, parece ser que sólo el mismo podía. 

El monólogo que sirve a Donny como válvula de escape, lo que pasa en el canal, las trampas de Marta, las propias trampas de Donny, la clasificación de los archivos, regresar a los lugares más oscuros de tu vida… Acompañar a este personaje es muy ciertamente desconcertante, pero igualmente necesario.

Entiendo que el entretenimiento sea solamente un medio de evadir nuestras propias situaciones personales, pero esta serie es una muy buena invitación  – no sólo por su magnífica narrativa, actuaciones y giros de tuerca – a construir y no obviar lo que puede dañar al otro. Es una invitación a construir y ser más empáticos con otras realidades que también existen y no tendrían por qué ser ignoradas. 

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