No entiendo que se le exija tanto, pero tampoco cómo es que sus fans están tan embelesados.
Hay de swifties a swifties y yo estoy en medio. Muy en medio, porque en casi 20 años que llevo escuchándola no hay manera de que la defienda a capa y espada. Sobre todo si se trata de juntarse con gente MAGA o su poca acción de influencia para cualquier causa política teniendo un público tan grande, pero el separar obra de artista, es tema de tesis universitaria y yo me titulé con opción 0.
Preferí sacar esto después de darle dos o tres vueltas al disco y de saltarme muchos videos en Tiktok analizando – positiva y negativamente – cada frase del mismo.
Escribo esto escuchando “The fate of Ophelia” por enésima vez hoy y después de haber ido (espontáneamente como invitada) a una de las funciones del mini-especial que se proyectó en el cine por el lanzamiento. Que si tiene demasiados samples, que si debería incluso darle crédito a Luis Miguel o los Jonas Brothers, que si está canción es para Travis o para Charli XCX, que si las letras son demasiado insípidas o faltan éxitos al estilo de “Shake it off” o “Cruel summer” o si Taylor tiene el síndrome de Peter Pan y no logra soltar una narrativa usada en más de 10 discos…
Así es, Taylor tiene 12 álbumes grabados y seguimos exigiéndole que todos y cada uno de sus sencillos sean éxito mundial. Mi gran pregunta aquí es ¿por qué no se le exige lo mismo a Ed Sheeran o Coldplay? Con los últimos, incluso me costó trabajo distinguir si su último tour correspondía a sus anteriores discos o a uno nuevo, porque la imagen es completamente igual. Y con Ed, sinceramente desde el “=”, tampoco ha repuntado. Todos juegan en la misma liga, pero a Taylor se le sigue juzgando demasiado.
Y creo que puede ser culpa de los swifties. Taylor ha alimentado de más a la máquina y resulta medianamente insoportable compartir música con ellos. El hecho de agotar cada versión en vinil, concierto, función o lo que sea que Taylor venda, sin aceptar crítica alguna sobre ella o sus canciones, la ha encerrado en su propia narrativa, una donde sólo se permite a sí misma hablar de ciertos temas, una y otra vez.
Si bien el disco me parece menos memorable comparándolo con Red, Midnights o 1989 y el material de la watch party sinceramente pudo haber estado gratis en Youtube, creo que hay una muy delgada línea que separa el criticar la calidad del disco (del cual rescato cuatro tracks, el inicial, Opalite, Life of a Showgirl y Actually Romantic) y el hecho de que guste o no (y de que nos guste ella o no como figura pública). Ahí es donde creo que se le está juzgando de más como cantante femenina, porque no es un disco malo, solamente es más simple que los anteriores trabajos. Y está bien. Aunque los swifties quieran hacer creer que es el nuevo Thriller (por más copias que venda, ES MEDIANO) y los haters lo rechacen inmediatamente.
Para mi, el hecho de la simpleza de algunas de sus letras (la mayoría en este último álbum), no le quita lo prolífica o talentosa. Su disciplina y visión quedaron evidenciadas en los videos del documental de su watch party. Hay un largo camino de sus presentaciones country a producir y dirigir un video como el de “The fate of Ophelia”. Taylor es dedicación, disciplina y precisión, pero es por eso mismo que entonces me atrevo a opinar que por eso el álbum no funciona en conjunto, el concepto no sólo choca en la imagen, sino en lo de adentro. Lo siento al carbón, es demasiado literal (“Cancelled” o “Honey”) o poco original (todo el tema de “Wood” y sus analogías, poco tienen de spicy a mi parecer). Sus mini-historias románticas se convirtieron en «Everybody’s so punk on the internet. Everyone’s unbothered till they’re not . Every joke’s just trolling and memes” (Eldest daughter). Si lo traducimos, es casi irrisorio.
Dejemos de lado que vivimos en un clima de incertidumbre y guerra, o que después de su documental en Netflix básicamente haya guardado silencio perpetuo sobre política y feminismo. Como fan de la música pop, a mi solamente se me hace que “Life of a show…” carece de magia (Midnights), misticismo (Folklore) o diversión (1989) o cualquier chispa que tiene su música y por la cuál, me sé más de 30 canciones de ella, disfruté del Eras Tour enormemente y la seguiré escuchando en el futuro.
Ya decía mi amigo – y muy swiftie- Salvador Eljure, que había demasiados teasers del álbum. El arte del disco y la misma Taylor se encargaron de construir cierto concepto alrededor que al final, no está. No es que por las piedras y plumas esperáramos una canción para bailar, sino que algunos swifties y los no swifties, esperábamos algo menos… literal. “His lovе was the key that opened my thighs” (Wood). AOC.
Me encantaría que todos los cantantes tuvieran el presupuesto que tiene Taylor para lanzar su disco en cines. ¿Con lo del cine me gustó más el disco? No (antes de entrar a la watch party hice una lista de las que me gustaron y ahí quedé igual, quería ver si como a veces pasa con los conciertos, “las canciones crecen”). Pero como fan de los conciertos, fue una muy buena experiencia. ¿A quién no le gustan los karaokes gigantes mientras ves material de tu cantante o banda favorita y puedes cantar y compartir con cientos de fans como tú? ¿Qué no para eso vamos a conciertos? Me tocó una función llenísima en domingo por la tarde con gente de todas las edades con las playeras de los conciertos, los brazaletes y claro, el suéter naranja que promociona el disco. Claro que la gente estuvo más emocionada con las que ya tenían conversación en social media: Cancelled, Anything romantic, Wood y para mi una clara favorita, Opalite.
La watch party fue un gran termómetro para medir el fervor swiftie. Esa supuesta “picardía” de Wood levantó risas nerviosas, en las explicaciones de Taylor sobre cada canción había aplausos y hurras, y la repetición del MISMO video que dio inicio al documental hizo que todos se pararan a bailar. Es un mundo que aún me cuesta comprender. Pero es cuestión de gustos.
A mi parecer, Taylor se pudo haber quedado en su casita del bosque, disfrutando su anillo, planeando su boda, con un tecito en mano cantando alguna del Folklore, componiendo algo (desde mi punto de vista) más sincero, no tan prefabricado. Aquí íbamos a estar los no tan swifties sin analizar con lupa cada frase y sin pedirle que nos ponga a bailar. Estoy segura de que esos múltiples éxitos previos se hicieron desde otro lugar, uno mucho más sincero donde se divertía, no quería “contestar” a otras celebridades y en verdad se «sacudía todo«; yo creo que hasta las opiniones de los swifties.
Voy a tratar de escribir mucho más sobre todas estas ideas que me da la música. Sobre todo la música en vivo. ¿Alguien interesado en mi experiencia con Oasis y los Backstreey boys este verano?
Bisous,
Valeria

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