David Hockney en la Fondation Louis Vuitton: hay que moverse, hay que tratar y hay que vivir

El arte en cualquiera de sus formas, es una de esas cosas que me gustaría me fueran más cercanas. Viviendo en una ciudad con una oferta infinita, me siento culpable de no ser más constante, es por eso que quiero hablar de lo enriquecedor y cautivante que fue el ver un repaso de la obra – más bien de la vida entera – de un artista como David Hockney.

No tenía idea del tamaño de la exhibición (ocupaba los tres o cuatro pisos del edificio), ni del tamaño de artista que es. Desde mi ignorancia, sólo conocía la pintura que hace no mucho hizo de Harry Styles. Por supuesto, aunque mucha gente se paraba frente a ella para tomarle fotos, en realidad se difumina entre la grandeza de todo lo que se exhibió de abril a septiembre en la Fondation Louis Vuitton. 

David Hockney es un pintor inglés, fotógrafo y escenógrafo que con una vida entre Estados Unidos y Europa ha estado vigente desde los años 50’. A partir de esta exhibición que concentró muestras significativas de su vastísimo archivo, descubrí una instantánea empatía por su obra y por él como artista.

Yo definiría a Hockney sobre todo como un “creador”, porque ha jugado con cuanta técnica ha querido, saliéndose de la raya sin perfección, pero con mucha fidelidad a su forma de transmitir sus experiencias. Como espectadora promedio, me puso a reflexionar al instante. Me cautivaron los colores y lo sencillo de sus miradas hacia escenas que parecen simples y cotidianas. 

Pero es más bien, gracias a artistas como él, que ahora me parecen totalmente cotidianas; seguramente cuando Hockney empezó su carrera, en los 50’, poco comunes eran las obras que exploraban así la homosexualidad o el erotismo. Creo que tendemos a olvidar el contexto en que obras así fueron hechas.  

Es cautivante ver cómo su arte a través de las situaciones más “simples” fue construyendo en el discurso algo que en realidad era muy complejo y hasta secreto en ese tiempo (como la homosexualidad). Tiene una mirada muy única sobre las relaciones interpersonales y con poco te hace querer seguir descubriendo qué pasaba en esa pieza. Sus pinturas son de esas donde te imaginas diálogos, el después o antes de esas historias o las imaginas como una película. 

Me pareció que era una invitación de alguien que me estaba diciendo “quiero hacerte parte de mi viaje, contarte mis experiencias y cómo me sentí explorando un nuevo país y conociendo gente nueva”. El color de muchas de sus obras en escenas cotidianas compartiendo momentos “íntimos” en habitaciones cerradas y los  paisajes desérticos de su paso por Estados Unidos, me parecieron un contraste con el hecho de que las ideas y mentalidad de muchos en ese tiempo eran totalmente opuestas: secas, sin esa vida que David les inyectó en su pintura.

Como se ve, yo estaba metida ya en su viaje, me encantaron sus portarretratos, su viaje artístico durante la pandemia (donde pintó las noches, atardeceres y amaneceres recordándonos lo especial que fue poner freno y poder contemplar lo más simple), su relación con las artes digitales (difícil pensar que un artista después de los 60’ se muestre tan entusiasmado con el iPad). Alguien como Hockney, con una vida tan larga -y con tantas vidas-, me hizo darme cuenta que no somos estáticos; su trabajo es una muestra de lo que el movimiento le da la vida.

Siempre me ha parecido interesante el discurso e interpretaciones que se generan alrededor de una obra de arte, sobre todo por la información de las fichas al lado de las obras,  “lo que pone aquí es esto”, “hizo esto por esto”, pero ¿es así en verdad? 

Creo que es mucho más. Para mi, David Hockney es día, noche, esta estación, la otra, esta gente y esta, es todo, la lluvia, los paisajes, las miradas “indiscretas” de su juventud, la vitalidad de su vejez.  El uso del color en esta etapa final de su vida me hace creer que es una persona que quiere transmitir lo mejor de la suya porque el color es vida; Hockney está lleno de vida.

Fue lindo explorar y ver todo lo que vivió en casi 90 años (sigue vivo, que no se malinterprete). Para cerrar la exposición y después de que uno piensa que esto se terminaba después de ver su incursión en el arte digital, una amplísima línea del tiempo sobre su carrera y lo que ha producido últimamente desde su casita de campo en Normandía (¡el sueño de mi vida!, ¿el destino me está hablando a través de Hockney, acaso?), venía la mejor parte. Una para recordar una vez más la vitalidad que provocan sus obras.

En este cuarto inmersivo lleno de cojines y con gente de todas las edades que no sabía ni para donde voltear porque los visuales eran hermosos y salían de todas partes, se proyectaban en orden cronológico imágenes de la obra de Hockney como escenógrafo en varias óperas.  Después de las explosiones de color, el finalizar con una experiencia así, dentro de un cuarto oscuro con otro tipo de estímulos (música, tercera dimensión),  fue increíble. Una maravilla. 

Anoté una frase que vi en una de las imágenes de esa parte final. Una pintura de Hockney inspirada por William Blake,  “Less is known than people think.  It’s the now that is eternal” (“Se conoce menos de lo que la gente piensa. Es el ahora el que es eterno”). Y creo que esta obra, que aparentemente no había sido revelada sino hasta la exposición, resumió para mí la experiencia en esta retrospectiva.

Hay muchas vidas por explorar a través del arte y gente como Hockney ayuda a mantener viva esa curiosidad, a conocer eso de lo que poco hablamos o lo que no nos toca vivir, pero que es necesario conocer. Y finalmente, ojalá que esa curiosidad nos deje un impacto que sea eterno. 

David Hockney 25’ en la Fondation Louis Vuitton, París

Mayo – Septiembre 2025

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