Ayer una amiga (que llegó a París hace un par de años) me dijo que como parte de una comunidad de Instagram para mujeres extranjeras, fue a una reunión/aperitivo con desconocidas para hacer amigas. Creo que le cayeron bien, se le hacían “lindas” pero que no conectaba tan bien con algunas de las cosas que decían.
Así que me animé a escribir sobre cómo yo, al igual que mi amiga, la pasé bien en un encuentro similar, pero no logré que esas conexiones en cenas con desconocidos fueran duraderas. Hay mucho a tomar en cuenta, porque la experiencia fue totalmente diferente en las dos cenas a las que he ido.
Yo usé específicamente Timeleft, una aplicación que te hace un pequeño cuestionario sobre tus gustos, intereses y hasta tu carrera profesional, antes de ponerte en una mesa donde cenarás con desconocidos.
Te inscribes, llenas el formulario del que hablo en la app, dices en qué zona te gustaría ir a la cena, el idioma en el que te gustaría interactuar y un día antes (son en miércoles los eventos), recibes la información del restaurante al que irás ( pagas una cuota de entre 10-15EUR por el servicio- el consumo en el restaurante es aparte).


Sobre la gente que te acompañará, sólo sabes sus nacionalidades y áreas profesionales; no hay índice de género o edades.
La primera vez que lo hice fue en Bolonia el año pasado. Era otoño e intercambié casas con un amigo italiano por un mes. Mi propósito era conocer la ciudad, disfrutar de la gastronomía y aprender un poco más de italiano.


Me considero una persona muy social, pero también me gusta darme mis espacios, y aunque no soy de las personas que les da miedo sentarse a comer o ir al cine solas, definitivamente a la segunda semana de no conocer absolutamente a nadie me desesperé un poco. Así que como había visto la publicidad de Timeleft en París, bajé la app y agendé la cena.
Fue una grata experiencia, tomando en cuenta que fue totalmente en italiano. Después de trabajar más de una década en Francia y convivir en cada uno de mis trabajos con italianos, además de ir cada año de vacaciones, adquieres cierta facilidad para entender el idioma, así que no fue difícil seguir la conversación.
Me encanta conocer gente de otras partes del mundo y lo que me gustó de Timeleft es la sorpresa de ver con quién ibas a cenar. Presentarnos, romper esos silencios cuando estás con desconocidos y llevar la small talk a un lado más significativo, me resulta divertido. O tal vez ya estoy muy entrenada, porque es algo que he normalizado y lo vivo casi cada semana.
París, aunque no lo parezca, es una ciudad de paso. Conoces a tanta gente como la que se va. Cuando empezaba a hablar francés me decían que hablaba muy bien, pero era porque ya tenía más que ensayadas las mismas frases en este tipo de encuentros entre extraños “de dónde eres”, “cuánto llevas aquí”, “dónde vives”, “donde trabajas”…
Como sea, esta cena en Bolonia (dentro de un restaurante en un mercado los últimos días de verano), fue muy agradable. Una mujer de Guatemala que estaba estudiando italiano durante algunos meses, del lado de los italianos un chico que vivía en una ciudad cercana pero que decía que no había mucho qué hacer y por eso quería intentar algo diferente con la cena, un estudiante de doctorado que vivía en Holanda pero que ahora estaba en el norte en unas prácticas y otro que había pasado mucho tiempo viviendo en UK y que cuando volvió al país se encontró que su círculo de amigos no era el mismo. Y yo, que sólo estaba por poco tiempo y quería ver si podía hacer amigos locales.
Contarle la vida a desconocidos y encontrar puntos en común es en realidad bastante fácil, sobre todo porque todos vamos con esa intención. Escuchar conversaciones donde tienes un dominio básico del idioma, sí es retador, pero yo había puesto en la app que quería la cena en inglés, así que no hubo problema porque todos lo hablaban y yo podía responder en inglés, solo que naturalemente al todos hablar italiano la conversación fluyó en ese idioma. Es decir, no hay que tenerle miedo a Timeleft, mínimo como experiencia para intercambiar culturalmente.
Después de la cena (donde incluso nos tomamos una foto juntos al final, lo cuál consideré como símbolo de ‘estuvo bien para todos’), al otro día la app te hace una pequeña encuesta para ver con quién tuviste más compatibilidad y si es el caso, te abre una conversación con ellos. En mi cena de Italia, me pasé el IG con la mujer de Guatemala, pero de los italianos nadie nos pidió nuestras redes; así que asumí que era algo “cultural” porque creo que como latinos nos es muy fácil darnos nuestros perfiles.

Volví a ver a Maria mientras estuve en Bolonia, pero de los chicos, a pesar de que la app me abrió conversación con quien yo creí que habíamos conectado, pues no hubo respuesta. Pero está bien, estuvo divertida la cena en sí. Se cumplió el objetivo: conocí gente en mi estadía y seguro algo más se pegó en italiano.
Después de más de una década en París, por mi buena experiencia en Italia y teniendo en mente que esta vez esperaba encontrar una amistad más a largo plazo dado que vivo aquí, me aventé a inscribirme a otra cena.
Me muevo por muchos barrios, así que elegí el noroeste de París para la cena. Me equivoqué en hacerlo porque en verdad la zona que abarca es bastante grande y me mandó con un grupo con el cual me costó demasiado congeniar. Lo dice una persona que le habla casi, casi a las plantas.
Elegí que la cena fuera en francés para practicar, porque es verdad que en mi vida diaria difícilmente hablo francés y a pesar de tanto tiempo aquí, puedo contar con los dedos de las manos a mis amigos franceses (por cuestiones laborales, mi círculo más grande habla español e inglés, así que lo de tener amigos franceses es un tanto una asignatura pendiente).
No es que tuviéramos personalidades distintas. Creo que la app acierta en ponernos con gente en nuestro mismo nivel de “extroversión”, o por edad, tienden a gustarnos las mismas películas o música. A diferencia de Italia, esta vez sí me sentí demasiado extranjera. A una mujer que había en la mesa (nacida creo que en Senegal, pero igualmente con muchos años viviendo en Francia), a quien le preguntaron “¿de dónde eres?”, ella respondió “de aquí”, y la pregunta que siguió fue “ya, pero, ¿de dónde eres realmente?”… parece algo muy equis, pero hay algo en el tono en que se hace esa pregunta por aquí que no lo es. Es decir, sobra, “es de aquí” y ya, yo me conformaría con eso. Aunque el acento sea diferente, o yo me vea diferente, si ella se presentó como francesa no le veía el caso de ahondar.
Hablamos de cine, de nuestros trabajos, una que otra cosa de vida personal (había alguien que dijo que después de su divorcio quería hacer cosas diferentes) y como esta cena era más grande (8 personas), terminé hablando solamente con las personas en la esquina de mi mesa. El comentario por el que dije “bueno, estuvo bien hablar de lo que vimos en Netflix en el mes, pero ya me voy”, fue cuando comenzamos a hablar sobre la vida en el extranjero y el chico con el que estaba hablando dijo que él había vivido un año en Mayotte (territorio francés), a lo que alguien más en la mesa respondió “Ah, pero ¿es pobre no?”...
De nuevo, el tono con el que lo dijeron me hizo voltear los ojos, a eso siguieron varias anécdotas de por qué como este chico es blanco salir se convertía en deporte extremo y un largo etcétera que aún me cuesta entender sobre alguien que hacía trabajo social. Durante la cena nadie me pidió mis datos y después la app sólo me conectó con dos, pero con ninguno llegué a concretar un café o una salida.
Como comentario extra: la comida fue super buena en los restaurantes de Bolonia y París, y supieron orientarme muy rápido de donde sentarme (hay varias cenas ocurriendo al mismo tiempo, así que es curioso observar la química de las otras mesas e imaginarse que uno pudo haber estado ahí)
Ya tiene dos o tres meses de esta experiencia en París, así que como no seguí la amistad con nadie, mi mente tiene una memoria selectiva al respecto. ¿Volvería a usar Timeleft? ¡Sí! ¿A una cena en francés? Sí, aunque creo que solo con mujeres (creo que la opción existe en la app); definitivamente creo que el ambiente y la actitud de la mesa cambiarían. Y también quiero volver a intentarlo en inglés en París o en francés en la parte derecha del río.
¿Creo que Timeleft es una buena forma de hacer amigos? Sí, porque creo que dos cenas son muy poco; en Italia me iba en poco tiempo y en París, definitivamente elegí una zona/gente con la que no congenio, así que de alguna forma fue mi culpa (cabe destacar que el error fue que decía “zona noreste y noroeste, y yo creí haber elegido el este, y me di cuenta hasta que vi el mail de confirmación, bla bla).
En todas las etapas de la vida es difícil hacer verdaderos amigos, solamente que antes las diferencias ideológicas no nos eran tan visibles. Aunque aún no me haya tocado gracias a las apps, creo que al menos animarse a conocer gente de esta forma nos ayuda a hacer algo diferente, a salir de la rutina y al menos, ver qué hay del otro lado.
Conocí a algunos de mis mejores amigos gracias a Twitter o Blogspot. Amigos con los que tengo grupos de Whatsapp, he ido a sus bodas y conozco a sus hijos. Gracias a mi blog, es que conocí a mi amiga que me consiguió las entrevistas para trabajar en París. Gracias a ese mismo blog, también tuve uno de mis dream jobs y trabajé en una revista para adolescentes. Hace poco hice una amiga alemana en un avión Frankfurt – Las Vegas… todo método es válido, Timeleft, literal nos pone todo sobre la mesa.
Les cuento después cómo va la tercera aventura

Deja un comentario