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¿Qué significa el fin de la guerra entre Israel y Palestina?
Definitivamente, el clima en redes sociales de los últimos meses es uno que nos pone a prueba.
Uno entra para distraerse un rato o para mantenerse informado, para lo que sea y sea cual sea el nivel en que se hagan estas actividades, esto comenzaba a resultar muy cansado. La violencia es tal que traspasa las pantallas con una facilidad impresionante, y no deberíamos normalizarlo. Hay mucha frustración y enojo sobre las imágenes que nos llegan; la impotencia es grande.
Me tocó cuando era niña escuchar sobre la guerra en los Balcanes o ya con un poco más de consciencia sobre Afganistán, y claro, siempre estuve en constante exposición hacia los efectos de la delincuencia en México. Últimamente me pregunto, ¿cuándo veremos películas sobre este tema así como vemos las del Holocausto? Mientras más informado, más difícil es sacudirse las imágenes, pero igual considero necesario verlas y saber que hay otras realidades y ser conscientes del privilegio que tenemos al estar del otro lado.
Vivir en Europa ha ampliado mi consciencia social; las guerras recientes no me pasan desapercibidas, no sólo por el pasado histórico de esta región, sino porque la gente aquí tiene la posibilidad de preocuparse por eso, y está en constante conversación – y acción al respecto. Sé que no todo el mundo puede darse el lujo de hacerlo.
Por ahí leí hoy que la guerra no acaba hasta que Palestina diga que acaba y es totalmente cierto. Lo que percibo, es que lo único que va a ocurrir es que dada la fatiga mediática y la crisis económica, la agenda mundial sólo ha decidido “pasar página”. Tal vez no veremos a diario bombardeos (la destrucción es casi total), o noticias sobre la hambruna o la falta de insumos, pero eso no quiere decir que no existan. Difícil convivir en un mundo donde estos problemas son fácilmente enterrados.
Asistir a una manifestación no quita nada, compartir información al respecto o incluso la simple lectura de información sobre quienes comienzan a poder entrar en esas zonas. Desde mi perspectiva, ayudar a dar voz a esto que, al parecer, quieren desvanecer de un día para otro (¿alguien más vio con incredulidad esas noticias sobre darle a Trump el Premio Nóbel de la paz?) es importante, porque, desafortunadamente, en un mes ya no estará en el top del feed ni en primera plana. Rompe el corazón ver que la flotilla no llegó, que torturaron a los activistas, las fotos del antes o después, pero creo que peor sería si nos hacemos sordos al respecto, porque la empatía es algo de lo poco que queda.
Lejos de querer darle lecciones de moral, sólo quiero compartir mi perspectiva que, de nuevo, desde el privilegio me permite abrir los ojos a otras realidades. Y sé que muchos también pueden hacerlo.
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Timeleft: así me va queriendo hacer amigos después de los 30

Ayer una amiga (que llegó a París hace un par de años) me dijo que como parte de una comunidad de Instagram para mujeres extranjeras, fue a una reunión/aperitivo con desconocidas para hacer amigas. Creo que le cayeron bien, se le hacían “lindas” pero que no conectaba tan bien con algunas de las cosas que decían.
Así que me animé a escribir sobre cómo yo, al igual que mi amiga, la pasé bien en un encuentro similar, pero no logré que esas conexiones en cenas con desconocidos fueran duraderas. Hay mucho a tomar en cuenta, porque la experiencia fue totalmente diferente en las dos cenas a las que he ido.
Yo usé específicamente Timeleft, una aplicación que te hace un pequeño cuestionario sobre tus gustos, intereses y hasta tu carrera profesional, antes de ponerte en una mesa donde cenarás con desconocidos.
Te inscribes, llenas el formulario del que hablo en la app, dices en qué zona te gustaría ir a la cena, el idioma en el que te gustaría interactuar y un día antes (son en miércoles los eventos), recibes la información del restaurante al que irás ( pagas una cuota de entre 10-15EUR por el servicio- el consumo en el restaurante es aparte).


Sobre la gente que te acompañará, sólo sabes sus nacionalidades y áreas profesionales; no hay índice de género o edades.
La primera vez que lo hice fue en Bolonia el año pasado. Era otoño e intercambié casas con un amigo italiano por un mes. Mi propósito era conocer la ciudad, disfrutar de la gastronomía y aprender un poco más de italiano.


Me considero una persona muy social, pero también me gusta darme mis espacios, y aunque no soy de las personas que les da miedo sentarse a comer o ir al cine solas, definitivamente a la segunda semana de no conocer absolutamente a nadie me desesperé un poco. Así que como había visto la publicidad de Timeleft en París, bajé la app y agendé la cena.
Fue una grata experiencia, tomando en cuenta que fue totalmente en italiano. Después de trabajar más de una década en Francia y convivir en cada uno de mis trabajos con italianos, además de ir cada año de vacaciones, adquieres cierta facilidad para entender el idioma, así que no fue difícil seguir la conversación.
Me encanta conocer gente de otras partes del mundo y lo que me gustó de Timeleft es la sorpresa de ver con quién ibas a cenar. Presentarnos, romper esos silencios cuando estás con desconocidos y llevar la small talk a un lado más significativo, me resulta divertido. O tal vez ya estoy muy entrenada, porque es algo que he normalizado y lo vivo casi cada semana.
París, aunque no lo parezca, es una ciudad de paso. Conoces a tanta gente como la que se va. Cuando empezaba a hablar francés me decían que hablaba muy bien, pero era porque ya tenía más que ensayadas las mismas frases en este tipo de encuentros entre extraños “de dónde eres”, “cuánto llevas aquí”, “dónde vives”, “donde trabajas”…
Como sea, esta cena en Bolonia (dentro de un restaurante en un mercado los últimos días de verano), fue muy agradable. Una mujer de Guatemala que estaba estudiando italiano durante algunos meses, del lado de los italianos un chico que vivía en una ciudad cercana pero que decía que no había mucho qué hacer y por eso quería intentar algo diferente con la cena, un estudiante de doctorado que vivía en Holanda pero que ahora estaba en el norte en unas prácticas y otro que había pasado mucho tiempo viviendo en UK y que cuando volvió al país se encontró que su círculo de amigos no era el mismo. Y yo, que sólo estaba por poco tiempo y quería ver si podía hacer amigos locales.
Contarle la vida a desconocidos y encontrar puntos en común es en realidad bastante fácil, sobre todo porque todos vamos con esa intención. Escuchar conversaciones donde tienes un dominio básico del idioma, sí es retador, pero yo había puesto en la app que quería la cena en inglés, así que no hubo problema porque todos lo hablaban y yo podía responder en inglés, solo que naturalemente al todos hablar italiano la conversación fluyó en ese idioma. Es decir, no hay que tenerle miedo a Timeleft, mínimo como experiencia para intercambiar culturalmente.
Después de la cena (donde incluso nos tomamos una foto juntos al final, lo cuál consideré como símbolo de ‘estuvo bien para todos’), al otro día la app te hace una pequeña encuesta para ver con quién tuviste más compatibilidad y si es el caso, te abre una conversación con ellos. En mi cena de Italia, me pasé el IG con la mujer de Guatemala, pero de los italianos nadie nos pidió nuestras redes; así que asumí que era algo “cultural” porque creo que como latinos nos es muy fácil darnos nuestros perfiles.

Volví a ver a Maria mientras estuve en Bolonia, pero de los chicos, a pesar de que la app me abrió conversación con quien yo creí que habíamos conectado, pues no hubo respuesta. Pero está bien, estuvo divertida la cena en sí. Se cumplió el objetivo: conocí gente en mi estadía y seguro algo más se pegó en italiano.
Después de más de una década en París, por mi buena experiencia en Italia y teniendo en mente que esta vez esperaba encontrar una amistad más a largo plazo dado que vivo aquí, me aventé a inscribirme a otra cena.
Me muevo por muchos barrios, así que elegí el noroeste de París para la cena. Me equivoqué en hacerlo porque en verdad la zona que abarca es bastante grande y me mandó con un grupo con el cual me costó demasiado congeniar. Lo dice una persona que le habla casi, casi a las plantas.
Elegí que la cena fuera en francés para practicar, porque es verdad que en mi vida diaria difícilmente hablo francés y a pesar de tanto tiempo aquí, puedo contar con los dedos de las manos a mis amigos franceses (por cuestiones laborales, mi círculo más grande habla español e inglés, así que lo de tener amigos franceses es un tanto una asignatura pendiente).
No es que tuviéramos personalidades distintas. Creo que la app acierta en ponernos con gente en nuestro mismo nivel de “extroversión”, o por edad, tienden a gustarnos las mismas películas o música. A diferencia de Italia, esta vez sí me sentí demasiado extranjera. A una mujer que había en la mesa (nacida creo que en Senegal, pero igualmente con muchos años viviendo en Francia), a quien le preguntaron “¿de dónde eres?”, ella respondió “de aquí”, y la pregunta que siguió fue “ya, pero, ¿de dónde eres realmente?”… parece algo muy equis, pero hay algo en el tono en que se hace esa pregunta por aquí que no lo es. Es decir, sobra, “es de aquí” y ya, yo me conformaría con eso. Aunque el acento sea diferente, o yo me vea diferente, si ella se presentó como francesa no le veía el caso de ahondar.
Hablamos de cine, de nuestros trabajos, una que otra cosa de vida personal (había alguien que dijo que después de su divorcio quería hacer cosas diferentes) y como esta cena era más grande (8 personas), terminé hablando solamente con las personas en la esquina de mi mesa. El comentario por el que dije “bueno, estuvo bien hablar de lo que vimos en Netflix en el mes, pero ya me voy”, fue cuando comenzamos a hablar sobre la vida en el extranjero y el chico con el que estaba hablando dijo que él había vivido un año en Mayotte (territorio francés), a lo que alguien más en la mesa respondió “Ah, pero ¿es pobre no?”...
De nuevo, el tono con el que lo dijeron me hizo voltear los ojos, a eso siguieron varias anécdotas de por qué como este chico es blanco salir se convertía en deporte extremo y un largo etcétera que aún me cuesta entender sobre alguien que hacía trabajo social. Durante la cena nadie me pidió mis datos y después la app sólo me conectó con dos, pero con ninguno llegué a concretar un café o una salida.
Como comentario extra: la comida fue super buena en los restaurantes de Bolonia y París, y supieron orientarme muy rápido de donde sentarme (hay varias cenas ocurriendo al mismo tiempo, así que es curioso observar la química de las otras mesas e imaginarse que uno pudo haber estado ahí)
Ya tiene dos o tres meses de esta experiencia en París, así que como no seguí la amistad con nadie, mi mente tiene una memoria selectiva al respecto. ¿Volvería a usar Timeleft? ¡Sí! ¿A una cena en francés? Sí, aunque creo que solo con mujeres (creo que la opción existe en la app); definitivamente creo que el ambiente y la actitud de la mesa cambiarían. Y también quiero volver a intentarlo en inglés en París o en francés en la parte derecha del río.
¿Creo que Timeleft es una buena forma de hacer amigos? Sí, porque creo que dos cenas son muy poco; en Italia me iba en poco tiempo y en París, definitivamente elegí una zona/gente con la que no congenio, así que de alguna forma fue mi culpa (cabe destacar que el error fue que decía “zona noreste y noroeste, y yo creí haber elegido el este, y me di cuenta hasta que vi el mail de confirmación, bla bla).
En todas las etapas de la vida es difícil hacer verdaderos amigos, solamente que antes las diferencias ideológicas no nos eran tan visibles. Aunque aún no me haya tocado gracias a las apps, creo que al menos animarse a conocer gente de esta forma nos ayuda a hacer algo diferente, a salir de la rutina y al menos, ver qué hay del otro lado.
Conocí a algunos de mis mejores amigos gracias a Twitter o Blogspot. Amigos con los que tengo grupos de Whatsapp, he ido a sus bodas y conozco a sus hijos. Gracias a mi blog, es que conocí a mi amiga que me consiguió las entrevistas para trabajar en París. Gracias a ese mismo blog, también tuve uno de mis dream jobs y trabajé en una revista para adolescentes. Hace poco hice una amiga alemana en un avión Frankfurt – Las Vegas… todo método es válido, Timeleft, literal nos pone todo sobre la mesa.
Les cuento después cómo va la tercera aventura
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One Battle After Another: amor, familia, violencia, villanos que conmueven, todo en uno. Gracias PTA! (comentario sin spoilers)

Sé que una película me gustó de verdad cuando llego a buscar clips sobre ella solo para revivir algunas de las escenas que acabo de ver. Así me pasó con todo el rollo que vive el personaje de Leonardo DiCaprio y una muy agitada conversación telefónica durante One Battle After Another.
Una de las virtudes de esta película es dibujar tan bien a sus personajes y a pesar del fuerte peso de todos, darles el espacio y tiempo correctos en pantalla. La historia va de un grupo de revolucionarios en E.U. donde la líder, con uno que otro problema de ego, se enfrenta a un militar, con dos o tres problemas también de ego. En medio, está la historia de amor y familiar de esta aguerrida mujer. La primera parte de la película trata sobre los motivos de esta revolución e introduce a uno de los mejores villanos de los últimos años encarnado por Sean Penn.
La segunda parte, es casi otra película, con un grupo de extremistas blancos, un digno grupo representante de la generación Z, unas monjas, mercenarios, y hasta un maestro de artes marciales pacifista quienes se ven involucrados en una misión de rescate.
Este comentario sólo quiere apuntar a decir que Paul Thomas Anderson filmó una gran película de acción. Tengo entendido que el tráiler es un poco confuso, pero no lo vi, sólo fui al cine por ser la nueva de DiCaprio y de Paul Thomas Anderson (de quien disfruté muchísimo Licorice Pizza y me encanta Boogie Nights), y creo que eso debería bastar para pararse en una sala de cine.
La película tiene un ritmo increíble, una narrativa donde como dije, se le da el peso adecuado a todos los héroes – y villanazos – involucrados. Es toda una aventura que con tintes de comedia no quieres que acabe.
A Leonardo DiCaprio y Sean Penn podemos criticarles mil cosas fuera de los sets, pero sus actuaciones aquí son definitivamente de las mejores en su carrera, y eso, claro que es mucho decir cuando entre tu filmografía tienes películas como The Aviator o Mystic River (de mis favoritas de cada uno).

Lo interesante de sus papeles en One Battle after Another es que son inesperados en su espectro, podrían haber caído perfectamente en una caricatura, pero más bien los hacen únicos. Moverse así de la comedia al drama constantemente, es no sólo un reconocimiento a los actores, sino al increíble guión y dirección. Cada una de las aventuras desde las redadas, robos, o la emocionante secuencia de varios minutos en una persecución de carretera, aporta ampliamente a la historia y no te deja respirar.
Mención aparte merecen Teyana Taylor (Perfidia) – quien hipnotiza toda la primera parte de la película – y Chase Infiniti (Willa Ferguson) – a quien no le quitas los ojos en la segunda. Sin dejar de lado a Benicio del Toro, porque es de esos papeles secundarios, que no se sienten así y son esenciales (quiero creer que hay gente que se puede tomar la vida con taaaanta calma).


Admirable en cuanto a cinematografía (esos encuadres en los cuarteles del grupo de “White Christmas«), actuaciones, guión, ritmo… todo. Una comedia que no deja indiferente, y que lejos de una producción perfecta en la forma, lo verdaderamente valioso y resonante es su trasfondo.

Relaciones familiares, migración, violencia, ego y hasta depresión post-parto, Paul Thomas Anderson puso todo en uno. Un filme que no solo es entretenido, sino, de verdad, memorable. Redondo. Para quienes les guste o no la acción, para quienes les guste o no la comedia, y para quienes sólo queremos ver una aventura en el cine.
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Wes Anderson en la Cinématheque Française: fan de sus cuadernos, pero sobre todo de su forma de conectar con los recuerdos

Otro de los pecados que he cometido como cinéfila es no ir lo suficiente a las exposiciones de la Cineteca. A diferencia de las visitas que hacía en México, mi apetito por cine internacional aquí se cubre mucho más fácilmente y no es necesario ir a la Cineteca para ver cine fuera del comercial (de hecho, creo que subestimo el hecho de que aquí sea tan fácil ver cine de otras partes del mundo, pero esa reflexión y mis experiencias en los cines independientes, las guardo para otra ocasión).
Después de casi 12 años aquí, mi primera vez en la Cineteca Francesa fue este pasado mayo cuando visité la retrospectiva de la carrera de Wes Anderson. Un cineasta que creo que es el más conocido de mi generación, o uno de los que más impacto ha tenido. Así como Spielberg o Lucas en los 80-90, creo que pocos nombres figuran tanto para los millennials como el de este director.
Simplemente llamada “Wes Anderson, la exposición” e inspirados totalmente en la estética de sus películas, encontrabas milimétricamente colocados algunos de su cuadernos, objetos y decoraciones de cada película dentro de su filmografía.
Puse “algunos”, porque hablando de manera general y con el detalle que tiene la sección de “Bottle rocket” (su ópera prima, que por cierto, no he
visto), el resto no tenían la misma cantidad de objetos o detalles (cosa que me extrañó sobre todo con Moonrise kingdom o French Dispatch, que fue filmada no hace tanto tiempo en Francia).
A pesar de que creo que la exhibición se quedó un poco corta en mostrarnos un poco más sobre la pre-producción o la misma filmación, o enseñarnos más objetos (sobre todo de las más recientes como The Island of Dogs, The French Dispatch o Asteroid City) para ver cómo fue el desarrollo de cada una. Yo quería ver la misma cantidad de objetos de Bottle Rocket para Hotel Budapest o The Life Aquatic with Steve Zissou e incluso saber cómo fue el casting o anécdotas de la filmación.


Yo pensé que iba a ver una exposición que hablara directamente sobre la forma de sus películas, un poco como esos detrás de cámaras que venían como extras en los DVDs de antes. Pero creo que más bien todo estaba encaminado a que conociéramos más a Wes como artista a través de los objetos más icónicos de cada uno de sus trabajos.
En la exhibición se podían ver varios cuadernos dedicados a la descripción de escenarios y personajes. El modelo del cuaderno – que conserva hasta la estampita con el precio- es el mismo que ha usado Anderson toda la vida, compró varios del mismo tipo para mantener esa tradición. Eso dice mucho. Con ver que usa un solo tipo de cuaderno durante décadas, comencé a entender cuál era el punto de esta retrospectiva: conocer la mecánica y motivaciones sobre cómo este dedicado chico estadounidense trabaja exhaustivamente para crear mundos completamente únicos. Era más sobre el fondo que la forma.


En casi cada esquina encontrabas enmarcadas las íconicas cartas que se mandan sus personajes en varias películas y me di cuenta cuán importante es para Wes escribir, sentir, la relación epistolar es central en su obra. Las cartas, las valijas, los recuerdos son algo que se veía al inicio de la expo en los objetos de “Bottle rocket”, pero igualmente en la parte de “Moonrise Kingdom” o “Asteroid City”. Reflexionar sobre nuestro propio bagaje emocional, los objetos y personas que nos han marcado o formado y ver cuánto se parece al suyo, eso es Wes Anderson.

Los amigos, la familia, lo que cargamos en la maleta, nuestra comunicación con el otro, son sus constantes y si a alguien le aburren, bueno, eso es lo que este director tiene para mostrar y sobre lo que puede construir.
Quiero creer que a Wes le falta mucho aún por enseñarnos, así que esto sólo era una muestra de los objetos más representativos de su cine, no necesariamente para hablar sobre el proceso detrás pues supongo que si se metiera en el desarrollo de cada una, al ser tan, tan meticuloso, la exhibición sería cuatro veces más grande e igual abarcaría solo una película.

Su cine meticuloso, con gracia, empático, tierno y divertido adquiere sentido al caminar entre todos estos objetos ahora íconos de su filmografía. Sí que me resultó emocionante ver “en persona” los uniformes deportivos y el abrigo de Margot de los Tenenbaum, la miniatura del Hotel Budapest, los trajes y accesorios de boy scout de Moonrise Kingdom y algunos títeres de Fantastic Mr. fox o The Island of Dogs… Se ve que Wes ha transformado sus propias memorias y recuerdos en íconos con los que nosotros también nos podemos identificar.
Aunque sus mundos parezcan una fantasía lejana, son mucho más cercanos de lo que parecen. Me fui acordando poco a poco de diversos momentos de esas historias, de cuando las vi, de cuando me disfracé de Agatha de Grand Hotel Budapest o comencé a conocer la música francesa gracias al soundtrack de Moonrise Kingdom (algo casi premonitorio dado que terminé viviendo aquí) y confirmando por qué es definitivamente uno de los cineastas de mi generación.


Como fan del cine en general, fue interesante ver que a Wes Anderson se le puede juzgar de entregar el mismo tipo de películas, pero gracias a esta retrospectiva, al recordar y ver el alma del director detrás de ellas, llego a la conclusión de que no debe confundirse la apreciación de su estilo con su calidad creativa para crear y meternos dentro de esos micromundos.
Aunque en la forma a veces parezcan el mismo, son de verdad únicos. Unos más interesantes que otros, claro que sí, pero eso tal vez lo creo porque en las últimas tres lo veo muy “engolosinado”, es decir, tratando de contar demasiadas historias a la vez.
Hay demasiado, demasiado en esa cabecita texana (que creo que ahora vive en mi misma ciudad) y esa es la gran noticia. Me fui contenta de saber que con una libretita más que llene con una sola historia que no trate de comerse a las otras, volveremos a conectar (porque con el Informe Fenicio, nada más no).
Wes Anderson, la exposición
Cineteca Francesa, Marzo – Julio 2027
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David Hockney en la Fondation Louis Vuitton: hay que moverse, hay que tratar y hay que vivir

El arte en cualquiera de sus formas, es una de esas cosas que me gustaría me fueran más cercanas. Viviendo en una ciudad con una oferta infinita, me siento culpable de no ser más constante, es por eso que quiero hablar de lo enriquecedor y cautivante que fue el ver un repaso de la obra – más bien de la vida entera – de un artista como David Hockney.
No tenía idea del tamaño de la exhibición (ocupaba los tres o cuatro pisos del edificio), ni del tamaño de artista que es. Desde mi ignorancia, sólo conocía la pintura que hace no mucho hizo de Harry Styles. Por supuesto, aunque mucha gente se paraba frente a ella para tomarle fotos, en realidad se difumina entre la grandeza de todo lo que se exhibió de abril a septiembre en la Fondation Louis Vuitton.

David Hockney es un pintor inglés, fotógrafo y escenógrafo que con una vida entre Estados Unidos y Europa ha estado vigente desde los años 50’. A partir de esta exhibición que concentró muestras significativas de su vastísimo archivo, descubrí una instantánea empatía por su obra y por él como artista.
Yo definiría a Hockney sobre todo como un “creador”, porque ha jugado con cuanta técnica ha querido, saliéndose de la raya sin perfección, pero con mucha fidelidad a su forma de transmitir sus experiencias. Como espectadora promedio, me puso a reflexionar al instante. Me cautivaron los colores y lo sencillo de sus miradas hacia escenas que parecen simples y cotidianas.

Pero es más bien, gracias a artistas como él, que ahora me parecen totalmente cotidianas; seguramente cuando Hockney empezó su carrera, en los 50’, poco comunes eran las obras que exploraban así la homosexualidad o el erotismo. Creo que tendemos a olvidar el contexto en que obras así fueron hechas.
Es cautivante ver cómo su arte a través de las situaciones más “simples” fue construyendo en el discurso algo que en realidad era muy complejo y hasta secreto en ese tiempo (como la homosexualidad). Tiene una mirada muy única sobre las relaciones interpersonales y con poco te hace querer seguir descubriendo qué pasaba en esa pieza. Sus pinturas son de esas donde te imaginas diálogos, el después o antes de esas historias o las imaginas como una película.

Me pareció que era una invitación de alguien que me estaba diciendo “quiero hacerte parte de mi viaje, contarte mis experiencias y cómo me sentí explorando un nuevo país y conociendo gente nueva”. El color de muchas de sus obras en escenas cotidianas compartiendo momentos “íntimos” en habitaciones cerradas y los paisajes desérticos de su paso por Estados Unidos, me parecieron un contraste con el hecho de que las ideas y mentalidad de muchos en ese tiempo eran totalmente opuestas: secas, sin esa vida que David les inyectó en su pintura.

Como se ve, yo estaba metida ya en su viaje, me encantaron sus portarretratos, su viaje artístico durante la pandemia (donde pintó las noches, atardeceres y amaneceres recordándonos lo especial que fue poner freno y poder contemplar lo más simple), su relación con las artes digitales (difícil pensar que un artista después de los 60’ se muestre tan entusiasmado con el iPad). Alguien como Hockney, con una vida tan larga -y con tantas vidas-, me hizo darme cuenta que no somos estáticos; su trabajo es una muestra de lo que el movimiento le da la vida.
Siempre me ha parecido interesante el discurso e interpretaciones que se generan alrededor de una obra de arte, sobre todo por la información de las fichas al lado de las obras, “lo que pone aquí es esto”, “hizo esto por esto”, pero ¿es así en verdad?
Creo que es mucho más. Para mi, David Hockney es día, noche, esta estación, la otra, esta gente y esta, es todo, la lluvia, los paisajes, las miradas “indiscretas” de su juventud, la vitalidad de su vejez. El uso del color en esta etapa final de su vida me hace creer que es una persona que quiere transmitir lo mejor de la suya porque el color es vida; Hockney está lleno de vida.

Fue lindo explorar y ver todo lo que vivió en casi 90 años (sigue vivo, que no se malinterprete). Para cerrar la exposición y después de que uno piensa que esto se terminaba después de ver su incursión en el arte digital, una amplísima línea del tiempo sobre su carrera y lo que ha producido últimamente desde su casita de campo en Normandía (¡el sueño de mi vida!, ¿el destino me está hablando a través de Hockney, acaso?), venía la mejor parte. Una para recordar una vez más la vitalidad que provocan sus obras.

En este cuarto inmersivo lleno de cojines y con gente de todas las edades que no sabía ni para donde voltear porque los visuales eran hermosos y salían de todas partes, se proyectaban en orden cronológico imágenes de la obra de Hockney como escenógrafo en varias óperas. Después de las explosiones de color, el finalizar con una experiencia así, dentro de un cuarto oscuro con otro tipo de estímulos (música, tercera dimensión), fue increíble. Una maravilla.
Anoté una frase que vi en una de las imágenes de esa parte final. Una pintura de Hockney inspirada por William Blake, “Less is known than people think. It’s the now that is eternal” (“Se conoce menos de lo que la gente piensa. Es el ahora el que es eterno”). Y creo que esta obra, que aparentemente no había sido revelada sino hasta la exposición, resumió para mí la experiencia en esta retrospectiva.
Hay muchas vidas por explorar a través del arte y gente como Hockney ayuda a mantener viva esa curiosidad, a conocer eso de lo que poco hablamos o lo que no nos toca vivir, pero que es necesario conocer. Y finalmente, ojalá que esa curiosidad nos deje un impacto que sea eterno.

David Hockney 25’ en la Fondation Louis Vuitton, París
Mayo – Septiembre 2025
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Taylor Swift y “Life of a showgirl”: ligerísimo, pero ¿queríamos más?, ¿nos debe más?

No entiendo que se le exija tanto, pero tampoco cómo es que sus fans están tan embelesados.
Hay de swifties a swifties y yo estoy en medio. Muy en medio, porque en casi 20 años que llevo escuchándola no hay manera de que la defienda a capa y espada. Sobre todo si se trata de juntarse con gente MAGA o su poca acción de influencia para cualquier causa política teniendo un público tan grande, pero el separar obra de artista, es tema de tesis universitaria y yo me titulé con opción 0.
Preferí sacar esto después de darle dos o tres vueltas al disco y de saltarme muchos videos en Tiktok analizando – positiva y negativamente – cada frase del mismo.
Escribo esto escuchando “The fate of Ophelia” por enésima vez hoy y después de haber ido (espontáneamente como invitada) a una de las funciones del mini-especial que se proyectó en el cine por el lanzamiento. Que si tiene demasiados samples, que si debería incluso darle crédito a Luis Miguel o los Jonas Brothers, que si está canción es para Travis o para Charli XCX, que si las letras son demasiado insípidas o faltan éxitos al estilo de “Shake it off” o “Cruel summer” o si Taylor tiene el síndrome de Peter Pan y no logra soltar una narrativa usada en más de 10 discos…
Así es, Taylor tiene 12 álbumes grabados y seguimos exigiéndole que todos y cada uno de sus sencillos sean éxito mundial. Mi gran pregunta aquí es ¿por qué no se le exige lo mismo a Ed Sheeran o Coldplay? Con los últimos, incluso me costó trabajo distinguir si su último tour correspondía a sus anteriores discos o a uno nuevo, porque la imagen es completamente igual. Y con Ed, sinceramente desde el “=”, tampoco ha repuntado. Todos juegan en la misma liga, pero a Taylor se le sigue juzgando demasiado.
Y creo que puede ser culpa de los swifties. Taylor ha alimentado de más a la máquina y resulta medianamente insoportable compartir música con ellos. El hecho de agotar cada versión en vinil, concierto, función o lo que sea que Taylor venda, sin aceptar crítica alguna sobre ella o sus canciones, la ha encerrado en su propia narrativa, una donde sólo se permite a sí misma hablar de ciertos temas, una y otra vez.
Si bien el disco me parece menos memorable comparándolo con Red, Midnights o 1989 y el material de la watch party sinceramente pudo haber estado gratis en Youtube, creo que hay una muy delgada línea que separa el criticar la calidad del disco (del cual rescato cuatro tracks, el inicial, Opalite, Life of a Showgirl y Actually Romantic) y el hecho de que guste o no (y de que nos guste ella o no como figura pública). Ahí es donde creo que se le está juzgando de más como cantante femenina, porque no es un disco malo, solamente es más simple que los anteriores trabajos. Y está bien. Aunque los swifties quieran hacer creer que es el nuevo Thriller (por más copias que venda, ES MEDIANO) y los haters lo rechacen inmediatamente.
Para mi, el hecho de la simpleza de algunas de sus letras (la mayoría en este último álbum), no le quita lo prolífica o talentosa. Su disciplina y visión quedaron evidenciadas en los videos del documental de su watch party. Hay un largo camino de sus presentaciones country a producir y dirigir un video como el de “The fate of Ophelia”. Taylor es dedicación, disciplina y precisión, pero es por eso mismo que entonces me atrevo a opinar que por eso el álbum no funciona en conjunto, el concepto no sólo choca en la imagen, sino en lo de adentro. Lo siento al carbón, es demasiado literal (“Cancelled” o “Honey”) o poco original (todo el tema de “Wood” y sus analogías, poco tienen de spicy a mi parecer). Sus mini-historias románticas se convirtieron en «Everybody’s so punk on the internet. Everyone’s unbothered till they’re not . Every joke’s just trolling and memes” (Eldest daughter). Si lo traducimos, es casi irrisorio.
Dejemos de lado que vivimos en un clima de incertidumbre y guerra, o que después de su documental en Netflix básicamente haya guardado silencio perpetuo sobre política y feminismo. Como fan de la música pop, a mi solamente se me hace que “Life of a show…” carece de magia (Midnights), misticismo (Folklore) o diversión (1989) o cualquier chispa que tiene su música y por la cuál, me sé más de 30 canciones de ella, disfruté del Eras Tour enormemente y la seguiré escuchando en el futuro.
Ya decía mi amigo – y muy swiftie- Salvador Eljure, que había demasiados teasers del álbum. El arte del disco y la misma Taylor se encargaron de construir cierto concepto alrededor que al final, no está. No es que por las piedras y plumas esperáramos una canción para bailar, sino que algunos swifties y los no swifties, esperábamos algo menos… literal. “His lovе was the key that opened my thighs” (Wood). AOC.
Me hubiera encantado que en la Watch Party hubiera una entrevista más larga con Rodrigo Prieto… Me encantaría que todos los cantantes tuvieran el presupuesto que tiene Taylor para lanzar su disco en cines. ¿Con lo del cine me gustó más el disco? No (antes de entrar a la watch party hice una lista de las que me gustaron y ahí quedé igual, quería ver si como a veces pasa con los conciertos, “las canciones crecen”). Pero como fan de los conciertos, fue una muy buena experiencia. ¿A quién no le gustan los karaokes gigantes mientras ves material de tu cantante o banda favorita y puedes cantar y compartir con cientos de fans como tú? ¿Qué no para eso vamos a conciertos? Me tocó una función llenísima en domingo por la tarde con gente de todas las edades con las playeras de los conciertos, los brazaletes y claro, el suéter naranja que promociona el disco. Claro que la gente estuvo más emocionada con las que ya tenían conversación en social media: Cancelled, Anything romantic, Wood y para mi una clara favorita, Opalite.
Siento que «Life of a showgirl» está en este mismo tono: La watch party fue un gran termómetro para medir el fervor swiftie. Esa supuesta “picardía” de Wood levantó risas nerviosas, en las explicaciones de Taylor sobre cada canción había aplausos y hurras, y la repetición del MISMO video que dio inicio al documental hizo que todos se pararan a bailar. Es un mundo que aún me cuesta comprender. Pero es cuestión de gustos.
A mi parecer, Taylor se pudo haber quedado en su casita del bosque, disfrutando su anillo, planeando su boda, con un tecito en mano cantando alguna del Folklore, componiendo algo (desde mi punto de vista) más sincero, no tan prefabricado. Aquí íbamos a estar los no tan swifties sin analizar con lupa cada frase y sin pedirle que nos ponga a bailar. Estoy segura de que esos múltiples éxitos previos se hicieron desde otro lugar, uno mucho más sincero donde se divertía, no quería “contestar” a otras celebridades y en verdad se «sacudía todo«; yo creo que hasta las opiniones de los swifties.
Voy a tratar de escribir mucho más sobre todas estas ideas que me da la música. Sobre todo la música en vivo. ¿Alguien interesado en mi experiencia con Oasis y los Backstreey boys este verano?
Bisous,
Valeria
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Back to Black: not to Amy, please

I’ll keep this opinion short as I’m quite upset and disappointed. This is a very, very unfair movie to the icon Amy Winehouse is. I don’t know if it’s a victim of these times where the musician biopic is so on trend (without any real triumph in fact) with the Bob Marley Movie, Aretha’s Respect and some others passing by without glory.
Having lived during my adolescence all the rise and fall of Amy as a person and a musician I wanted to see a glimpse of her memorable artistry on the big screen, have a bit of those chilling and gloomy vibes you used to get when the Back to Black’s video was on TV. But nothing more far away than that with Back to Black the movie. A cartoon and insipid version of all what Amy Winehouse was, leaving aside her talent and exonerating everyone who failed her in her personal circle.

A few years after her death, the extraordinary documentary, Amy (2014), let me see through her struggles in a very precise and faithful way, but also very well explained why she was such a gem, artistically speaking. An educated musician, a powerful voice, a fragile but striking personality and of course, a uniqueness that made her, just Amy, her last name was going to be accessory, drugs involved or not.
I remember seeing her being constantly attacked, but at the same time enjoying her music a lot, so as she wanted… perhaps. All of her one of a kind talent and transparent soul is completely erased in this movie. While the minutes passed I couldn’t figure out which story they where trying to tell, because if she is such an icon nowawadays, regardless of the circumstances of her personal life it was because in the middle of the indie rock and pop star resurrection with Gaga and Katy Perry, she was shining by her all means and giving to mainstream a quality and passionate proposal.
Passion and quality is what Back to black the movie misses the most. Feels so, so empty.

It is just the story of a singer that was really, really, really in love with the wrong man, yes, but, was Amy Winehouse only that? Just typing her name on Spotify and dedicating her 10 minutes after the movie, reminded me why in the future, another filmmaker will do justice to her battle and complex mental health. Probably they just needed more budget or to watch “Amy”, the documentary from 2014.
If anyone gets to see this film, well, don’t judge their leads by this work, they’re great. Leave behind “Back to black” and go binge-watch, Marisa Abela (Amy) in the sexy and intriguing HBO’s Industry and Jack O’Connell, in Unbroken or, well, as the legendary Cook on Skins- series 2.
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Civil War: an extremely realistic “what if”

If I admire someone’s filmography is Kirsten Dunst’s. It’s impeccable, between comedies, memorable coming of age from The Virgin Suicides to Bring it On, and stirring dramas like Melancholia or Eternal Sunshine…, she is just always at the top. Her latest, Civil War just continues to add up to my compliments, in a hard and very strained way.
This intense drama set in the present day, follows a group of experienced war journalists on a mission to cross their country in the middle of a civil war to go interview the president of the United States before he gets overturned. This time, this powerful figure is extremely debilitated by the current conflict that has actually created a separation between Washington and regions like Texas and California. It doesn’t sound remote no? That’s the scary part of one of the best movies you’ll watch this year.
We don’t only assist to a naturally risky road trip, but to an upsetting set of confrontations, battles, and cruelty wrapped in a unique montage of sound, which immediately separates Civil War from other war movies. It feels close and raw in its own way.

Screenshot The reasons behind the conflict are not explicitly explained, but that quickly makes viewers start imagining what could have provoked this very scary and always very about-to-happen war. It resonates immediately with what happened with Trump supporters taking the Capitol just three years ago and the fragility of the democracies nowadays.
Wagner Moura is Joel the writing press advocate, while Kirsten plays the glorified and sentimentally devastated Lee, a photojournalist crushed by her experiences in the field. Is one more worth it? Joel is equally damaged, but, we all take experiences differently and, he holds to other ideas and, of course, drugs, to keep going. For Lee, there is little to hang to. Well, maybe, a new disciple could change the destination of this train that seems to be crashing without stopping.
Cailee Spaeny plays the young and – in appearance – reckless Jessie. A young amateur photographer who wants to join the quest of the main group of experienced professionals. I must say I had a big conflict with this character, as I said, it seems to me that in a way, motivates and injects new blood into this dying – literally – team, but at the same time, it was such a reminder of how imprudent, careless and even selfish can youth can be.
I don’t know if it’s my 35th birthday approaching, but I just couldn’t handle the careless impulsiveness of Jessie.
Another note, I can’t let pass by, is the way Civil War turns your stomach out during more than a couple of times. The sound goes out and they confront you with the aftermath of one of the cruellest sequences I’ve seen. It’s striking to find ourselves there after that madness (Jesse Plemons is only there for 5 minutes, but he totally makes them count).
As you can see, this movie is one of those that attach you to the characters from the first minutes. You start caring for them regardless of the obvious chaotical situation they’re in.
Why do they do that to themselves? For us as humankind or for the glory of being the author of an iconic photo or quote? How can an iconic image change consciousness around the globe?
This chaos feels daunting and somehow familiar. The free manipulation of guns and no-man’s land landscape is again, so, so familiar. Crazy to describe these scenarios as “familiar”, right? What kind of world we live in that witnessing a massacre doesn’t make us react?
If you’re one of those people who has lived very close by the media and its work and effect, this movie hits profoundly on the valorization of this craft. What war journalists do in their profession, more than admirable is remarkable. We understand here the term «heroic».
Lee mentions that she thought she was «sending a warning of ‘what not to do’ with every photo she took”, but she has come to an instance where everything seems to be lost. Desolation hits hard, even if it¡s just a very well-constructed fictitious story of just a “what if” situation…
I think one of the questions that this movie brings to the table is how normalized violence is and where eventually can take us. Indeed, despite all the images we have at our disposition, with the opportunity to get a reality check in front of us, seeing on a gigantic screen what violation and aggression can get to be, and in fact, what millions are suffering beyond fiction, is not enough. What do we have to witness to react?
Through stressful, tense, bloody and very violent excerpts Lee’s desolation becomes more and more tangible. Yes, Jessie is learning the craft, but the price they pay – at least in my regard – seems so, so high.
That price journalists pay for, is what I take and value from this movie. Is about how fragile our eyes are but how strong – and stubborn – the ideas of some already violent rotted minds can be. Let’s hope that, those very dangerous ideas stay in fiction forever.
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Baby Reindeer: ¿por qué Donny?, ¡¿por qué?!

Porque parece irreal, hasta que te lo cuentan con tantos – y tan explícitos- detalles. Hasta que este hombre pudo convertir su trauma en obra de teatro y después en serie de televisión.
Hace unos días vi que Netflix subió su número de suscriptores en los últimos meses. Y es que a pesar del tamaño del catálogo y lo poco memorables de algunos lanzamientos en los últimos años (ojalá siempre tener un Mindhunter bajo la manga), llegan a salvar todo series como Baby Reindeer. Estoy tocada, sobresaltada y hasta estresada, pero es excelente. Raro también definir como excelente a la representación de un pasaje tan duro de la vida de una persona.
El hecho de que incomode o estrese, es uno de los puntos más válidos de esta historia. Sacude porque logran meternos en la psique y la terrible sensación de depresión por la que atraviesa Donny. Él es un comediante escocés que tiene un trabajo paralelo como bartender en Londres, está pasando por un infierno desde el minuto uno, pero, espera, poco a poco vemos que este infierno, es más bien el segundo por el que atraviesa.
Esta miniserie relata los episodios de acoso y abuso de Donny. Marta, su acosadora, vive en una realidad tan alterada (producto de su propia enfermedad mental) que logra meter a Donny en ese terrible círculo de una violencia que aunque parece poco palpable porque, ¿qué son sólo las palabras?, se vuelve desgarradora.

Al estar basada en hechos reales y estar contada y actuada por su mismo protagonista (Richard Gadd), las comparaciones y cacería para encontrar a quienes estuvieron involucrados en la vida real han opacado – a mi parecer – algunos de los mensajes más fuertes de esta historia.
Uno, “A los hombres también les pasa”. Creo que uno de los motivos por los que esta serie está impactando tanto es el ángulo desde el que está contada. Un hombre que no sabe por qué se paralizó, que – por el trauma – minizó su situación y continúa estrellando su cabeza contra la pared con nosotros como espectadores diciéndole todo el tiempo “¡Qué haces!”, “Sal de ahí”, “¿Otra vez?”…
Dos, «¿Por qué no denuncias?”. Si algo me deja Baby reindeer es tener aún más empatía por las víctimas. Qué difícil revivir el trauma, todos los hoyos legales que hay que atravesar para poder siquiera poner una denuncia, porque no son suficientes 80 correos de acoso diario, ni sugerencias sexuales por todos los medios posibles, tocamientos inapropiados y un largo etcétera que debes contar con el más mínimo detalle cuando tu memoria no logra conectar los puntos por obvias razones. La revictimización en su máximo esplendor y qué frustrante es verlo, pero ¿te imaginas siquiera estar en esa situación?
Y finalmente lo terrorífico que es un trauma así, la depresión, el aislamiento y las manías que adquirió Donny a partir de estos episodios. Lo mejor de la serie radica en que cuando parece que hay una pequeña luz al final del túnel, una nueva complicación surge, y es que así de complicada es la situación.
Pareciera que Donny no intenta salir de ahí; este hombre se pierde totalmente, pierde la confianza en sí mismo, en los demás, está evadiendo sus traumas y sumándole otros y cargándose encima a quienes sí que lo quieren. Ya, fuera de sí, ¿cómo ayudarle? En este caso, por la vergüenza social que causan este tipo de conflictos, parece ser que sólo el mismo podía.
El monólogo que sirve a Donny como válvula de escape, lo que pasa en el canal, las trampas de Marta, las propias trampas de Donny, la clasificación de los archivos, regresar a los lugares más oscuros de tu vida… Acompañar a este personaje es muy ciertamente desconcertante, pero igualmente necesario.
Entiendo que el entretenimiento sea solamente un medio de evadir nuestras propias situaciones personales, pero esta serie es una muy buena invitación – no sólo por su magnífica narrativa, actuaciones y giros de tuerca – a construir y no obviar lo que puede dañar al otro. Es una invitación a construir y ser más empáticos con otras realidades que también existen y no tendrían por qué ser ignoradas.
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Challengers: so, who won?

What an enjoyable movie, the sentiment in the theatre was pure excitement at the end of the screening. Was the music, the performances, the editing, the connections of this truly memorable triangle.
From the trailer you get that this is gonna get interesting; a love conflict between two best friends for a girl but adding the competitiveness, stress and explosive vibes of tennis. But, the way the whole story unfolds is a whole new level of achievement for Luca Guadagnino.

There is a subtility, a natural spontaneity, insolency and, of course, charm in Josh O’Connor’s character (Patrick), a very convincing strength and even some traces of manipulation in Zendaya’s Tashi and, to circle this game of love, a mysterious air of calculation with touches of tenderness in every eye gaze of Mike Faist (Art).
The threads of the story tangle and tangle, the emotion of the tennis match is not only there because of a match being played in real time, but it becomes a partner and an amazing parallelism of this trio’s relationship. Is complex, and everyone has their reasons, but which are they? Oh, let’s go back to the match. Even if you understand very little about the game itself, this story is about the power of winning, control, discipline, aspirations, desire… overall a very good deployment of human nature and its flows.
All the gestures and clever pace, combined with a powerful and rampant score, make of Challengers a very much-needed experience in a cinema theatre. With rampant effects, with pure melodrama, it just gets better with every minute.
You are in Tashi’s head, but then also trying to analize Pattrick’s moves, and why you’re not reacting Art!!! All the very precise moments we get to witness in the timeline of their relationships keeps the tension, while questions keep rising literally until the last second of the movie. In fact, it’s the kind of movie where you still have a lot of questions at the end, a lots of whys keep resurging along with long scenes in your head of “what ifs”…

Screenshot That is the best part of this experience, the scrutiny on the actions of its leads. Why him and not him? And is this just about power over one or another or there is real love between A and B or A and C? That is the real challenge, deciphering the real motives and desires of these 3.
The virtue of this very entertaining movie is taking a very simple, maybe very revisited story in the history of cinema (a love triangle), but pulling out our emotions to be part of their mindgames and be part of the dissecting of all the emotions happening in their heads and of course, in the court.
Now, let’s get some churros or go to a rave.

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